Cada 28 de julio se conmemora una fecha para concientizar sobre la hepatitis viral, una infección que afecta a más de 400 millones de personas en el mundo. Aunque existen vacunas para prevenirla y tratamientos eficaces para controlarla e incluso curarla, millones de personas aún desconocen que la padecen o no tienen acceso a la atención que necesitan.
Por Dra. Nelia Hernández
Las infecciones por los virus de la hepatitis B y C afectan a millones de personas, pero se estima que solo el 5% sabe que las padece y menos del 1% tiene acceso al tratamiento específico. Estos datos resultan aún más impactantes si se considera que existen vacunas para prevenir la infección por el virus de la hepatitis B y medicamentos eficaces para tratarla, y que más del 95% de las personas con hepatitis C pueden curarse con tratamiento.
Hoy disponemos de pruebas rápidas y precisas, tratamientos eficaces y una vacuna probada contra la hepatitis B. Contamos con las herramientas necesarias para avanzar hacia su eliminación, pero todavía persisten importantes barreras para garantizar el acceso equitativo a las pruebas diagnósticas y a los tratamientos en muchas regiones del mundo.
Estas formas de hepatitis a menudo no presentan síntomas y pueden pasar desapercibidas durante mucho tiempo, favoreciendo el desarrollo de enfermedad hepática avanzada y de sus complicaciones. En este sentido, la conmemoración del día mundial constituye una oportunidad para informar, concientizar, impulsar las pruebas diagnósticas y la vacunación, y exigir una mayor acción política alineada con el objetivo de eliminar la hepatitis B y C como problema de salud pública para 2030, tal como propone la Organización Mundial de la Salud.
¿Qué es la hepatitis?
La palabra hepatitis proviene del griego y significa, literalmente, inflamación del hígado: hepa significa hígado e itis es el sufijo médico que indica inflamación. El término describe cualquier proceso inflamatorio que afecte a las células hepáticas (hepatocitos), independientemente de su causa.
La hepatitis puede ser aguda o crónica (de más de seis meses de duración), leve o grave, y deberse a múltiples causas. En las formas agudas, las más frecuentes son las infecciones virales (virus de la hepatitis A, virus de la hepatitis E, citomegalovirus y virus de Epstein-Barr), las inducidas por medicamentos, hierbas o suplementos y las asociadas a enfermedades autoinmunes. Entre las causas de hepatitis crónica se encuentran el consumo de alcohol, los virus de la hepatitis B y C y las enfermedades autoinmunes, entre otras menos frecuentes.
En cuanto a los síntomas, es importante saber que muchas veces no presentan manifestaciones específicas. En general, las hepatitis virales agudas son las que con mayor frecuencia producen síntomas, siendo el cansancio de aparición reciente el más habitual. La coloración amarillenta de la piel y las mucosas (ictericia) puede aparecer precedida o acompañada de orina oscura. También es frecuente un período previo, denominado prodrómico, con síntomas que pueden confundirse con una gripe, como fiebre no muy alta, dolores musculares y articulares y, en ocasiones, manifestaciones digestivas como vómitos o diarrea.
La hepatitis por virus A se adquiere por el consumo de agua contaminada o por el contacto estrecho con una persona infectada. Las medidas de higiene y las vacunas, disponibles en Uruguay, son altamente eficaces para prevenir esta infección. En el caso de la hepatitis E, si bien también puede adquirirse al ingerir agua contaminada, la principal vía de infección en nuestro medio es el consumo de carne de cerdo contaminada, generalmente con escasa cocción. La vacuna contra la hepatitis E fue desarrollada y se utiliza principalmente en China. No está disponible ni autorizada en Uruguay ni en gran parte de América Latina.
Los medicamentos, las hierbas y los suplementos constituyen una causa importante de hepatitis aguda, aunque su reconocimiento puede resultar difícil. Es indistinguible de otras causas de hepatitis y no existe un examen de laboratorio que permita confirmarla. Su diagnóstico se basa en un alto índice de sospecha clínica, en el descarte de otras causas y en la evolución de la hepatitis tras suspender el agente sospechoso.
En los últimos años, los registros internacionales de toxicidad hepática han documentado un aumento significativo de las hepatitis agudas vinculadas al uso de hierbas o suplementos, en su mayoría utilizados con el objetivo de perder peso, mejorar el bienestar o prolongar la vida. La escasa regulación, el fácil acceso y el falso mensaje de que “lo natural” es inocuo son algunas de las razones que explican este incremento. El consumo cada vez más difundido de concentraciones elevadas de cúrcuma asociada a pimienta negra, ashwagandha y té verde, entre otras sustancias, es responsable del aumento de casos de hepatitis por suplementos, muchos de ellos graves.
Las hepatitis por los virus B y C tienen una alta probabilidad de evolucionar hacia hepatitis crónica y enfermedad hepática avanzada si no se diagnostican a tiempo. Comparten varias vías de transmisión, como las transfusiones sanguíneas inseguras, el uso compartido de jeringas para inyectarse drogas u otros elementos que entren en contacto con sangre infectada y las relaciones sexuales sin protección. Esta última vía es muy importante para la transmisión del virus B, pero mucho menos frecuente en la hepatitis C. Aun así, un porcentaje importante de los pacientes diagnosticados no presenta o no recuerda factores de riesgo como los mencionados. Otra característica que comparten es su escasa expresión clínica. Suelen producir pocos síntomas y con frecuencia se diagnostican al detectarse alteraciones en los análisis de sangre, como la elevación de las enzimas hepáticas, o mediante estudios específicos solicitados para descartar estas infecciones. Las personas que presenten alguno de los factores de riesgo mencionados deberían realizarse estudios específicos para descartarlas.
En Uruguay, independientemente de la presencia o ausencia de factores de riesgo, los marcadores de hepatitis B y C forman parte de los controles trimestrales durante el embarazo y de los estudios realizados a los donantes de sangre. Más recientemente, también se incorporó la oferta de detección de hepatitis C al carné de salud.
¿Qué puedo hacer si tengo hepatitis B o C?
El hallazgo de cualquiera de estos marcadores en sangre debe dar lugar a una evaluación más completa por parte de un especialista en hepatología o infectología para definir el grado de lesión hepática y determinar la necesidad de tratamiento.
En el caso de la hepatitis B, se dispone de antivirales de alta potencia que controlan eficazmente la replicación del virus, aunque rara vez logran su curación. Por este motivo, suelen administrarse durante períodos prolongados e, incluso, en algunos casos, durante toda la vida. La situación es diferente para la infección por el virus de la hepatitis C. Actualmente existen tratamientos por vía oral que, administrados durante tres o seis meses, logran la curación de la infección en casi el 100% de los casos. Además, presentan una excelente tolerancia y efectos adversos mínimos.
Es importante destacar que la eficacia de estos tratamientos, tanto para controlar la infección por hepatitis B como para curar la hepatitis C, es muy elevada. Sin embargo, cuando se indican en pacientes con enfermedad hepática avanzada, es posible que el daño ya establecido no revierta completamente y que sea necesario mantener controles periódicos para reducir el riesgo de complicaciones.
La mayoría de las hepatitis virales pueden prevenirse, tratarse e incluso curarse. Sin embargo, para que eso sea posible, el primer paso sigue siendo el diagnóstico. Muchas personas conviven durante años con hepatitis B o C sin saberlo, ya que la enfermedad suele evolucionar de forma silenciosa. Informarse, prevenir y consultar a tiempo permite detectar la infección antes de que produzca un daño hepático irreversible. Cuando el diagnóstico es precoz, el pronóstico mejora, las complicaciones pueden evitarse y, en muchos casos, la enfermedad puede controlarse o curarse.
En este Día Mundial de la Hepatitis, el mensaje es claro: vacunarse cuando exista una vacuna, adoptar medidas de prevención, realizarse las pruebas diagnósticas oportunamente y garantizar el acceso al tratamiento son acciones fundamentales para acercarnos a un futuro en el que la hepatitis viral deje de ser un problema de salud pública.
