Los productos médicos de calidad subestándar y falsificados afectan a millones de personas y debilitan los sistemas de salud. Un nuevo acuerdo entre la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional de Policía Criminal busca fortalecer la respuesta frente a esta y otras amenazas.
La Organización Internacional de Policía Criminal (INTERPOL) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) firmaron el 16 de octubre de 2026 un acuerdo de cooperación para prevenir, detectar y responder de forma conjunta a los riesgos que ponen en peligro la salud y la vida de las personas.
El acuerdo combina la experiencia policial de INTERPOL con el liderazgo de la OMS en salud pública. Su objetivo es estrechar la colaboración entre las autoridades sanitarias y las fuerzas del orden frente a amenazas que trascienden fronteras y requieren una respuesta coordinada.
«La delincuencia y la salud están cada vez más interconectadas. Las redes delictivas ponen en peligro la vida de las personas mediante actividades que van desde la falsificación de productos médicos hasta la explotación de personas vulnerables», señaló Valdecy Urquiza, secretario general de INTERPOL.
La cooperación abarca situaciones excepcionales, como los incidentes en los que se sospecha un uso indebido de materiales químicos o radiactivos y los sucesos biológicos inusuales, ya sean naturales, accidentales o deliberados. Ambas organizaciones también coordinarán sus actividades durante grandes acontecimientos internacionales y concentraciones multitudinarias, para ayudar a los países a mejorar su preparación y respuesta ante posibles amenazas sanitarias.
Otro de los ejes del acuerdo es combatir la trata de personas con fines de extracción de órganos y el comercio ilegal de órganos, tejidos y células humanos. También contempla la producción y el comercio ilícitos de medicamentos, vacunas, dispositivos médicos y equipos de protección personal falsificados, así como de alimentos y bebidas que no son seguros para el consumo o presentan un etiquetado fraudulento. Además, ambas entidades colaborarán en la aplicación del Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco.
“La seguridad sanitaria es seguridad mundial”, afirmó el director general de la OMS, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus. Según explicó, una colaboración más estrecha con INTERPOL permitirá reforzar la capacidad conjunta para prevenir daños, responder a emergencias y proteger a las personas de amenazas que debilitan tanto los sistemas de salud como la confianza de la población.
Productos médicos que ponen en riesgo la salud
Los productos médicos de calidad subestándar y falsificados constituyen una de las amenazas que aborda este acuerdo. Aunque suelen mencionarse juntos, no son lo mismo: los primeros incumplen las normas y especificaciones de calidad, con frecuencia por prácticas deficientes de fabricación o controles inadecuados. Los falsificados, en cambio, presentan información deliberadamente falsa sobre su identidad, composición o procedencia, con la intención de engañar al consumidor y obtener un beneficio económico.
Ambos pueden contener ingredientes o dosis incorrectos, resultar ineficaces o causar daños si incluyen contaminantes o sustancias tóxicas. Sus consecuencias van desde el fracaso de un tratamiento y el agravamiento de una enfermedad hasta intoxicaciones y muertes. También pueden favorecer la resistencia a los antimicrobianos y dificultar el tratamiento de infecciones.
El problema está presente en todos los países y afecta a distintos tipos de productos médicos, incluidos tratamientos vitales como vacunas, antibióticos y medicamentos oncológicos. En 2017, la OMS calculó que, en los países de ingresos bajos o medios, uno de cada diez medicamentos no superaba las pruebas de control de calidad, lo que indicaba que podía ser de calidad subestándar o falsificado.
El impacto también es económico. Los tratamientos ineficaces generan nuevos gastos de atención, pérdidas de productividad y un uso innecesario de recursos sanitarios. Para las familias, pueden significar el agotamiento de sus ahorros sin obtener la atención que necesitan. A su vez, estas situaciones erosionan la confianza en los medicamentos, los profesionales y las instituciones de salud. Si bien cualquier persona puede verse afectada, el riesgo aumenta entre quienes tienen dificultades para acceder a la atención sanitaria o compran medicamentos en fuentes no autorizadas. También es mayor en contextos con sistemas de salud precarios, cadenas de suministro desorganizadas y una supervisión regulatoria insuficiente.
Las redes que fabrican y distribuyen estos productos utilizan métodos cada vez más sofisticados y se aprovechan de la demanda de tratamientos asequibles. El crecimiento de las ventas en línea a través de sitios no autorizados facilita su llegada a los consumidores y dificulta el seguimiento de su distribución.
A esto se suman otros factores, como las cadenas de suministro extensas, la falta de información sobre los riesgos y la corrupción, que puede facilitar la producción y circulación de estos productos.
Una respuesta que requiere coordinación
Para enfrentar el problema se necesitan normas rigurosas, controles eficaces y una cooperación sostenida entre gobiernos, autoridades sanitarias, fuerzas del orden, profesionales de la salud y fabricantes.
La respuesta debe centrarse en prevenir la fabricación y venta de estos productos, detectar los que ya circulan y actuar con rapidez ante cualquier incidente. Las medidas deben proteger a los pacientes y a la cadena de suministro sin generar problemas de abastecimiento innecesarios.
Las herramientas tecnológicas, como los sistemas de seguimiento y localización, las aplicaciones móviles y los métodos de análisis de laboratorio, pueden mejorar la detección. Sin embargo, deben acompañarse de marcos regulatorios sólidos, personal capacitado e intercambio de información entre países.
También es fundamental informar a la población sobre los riesgos de adquirir medicamentos en fuentes no autorizadas y garantizar el acceso a productos seguros y asequibles. Fortalecer la atención sanitaria local y las cadenas de suministro ayuda a reducir las condiciones que llevan a buscar alternativas en mercados informales.
La OMS impulsa esta labor mediante el Mecanismo de Estados Miembros sobre Productos Médicos de Calidad Subestándar y Falsificados, que facilita la cooperación y el intercambio de experiencias entre países. A su vez, el Sistema Mundial de Vigilancia y Monitoreo, puesto en marcha en 2013, permite compartir información sobre productos sospechosos, emitir alertas y coordinar respuestas más allá de las fronteras nacionales.
El acuerdo con INTERPOL refuerza esta tarea al conectar las capacidades sanitarias y policiales. La colaboración busca mejorar la detección de amenazas, proteger a las personas más vulnerables y fortalecer la respuesta internacional frente a delitos que comprometen la salud pública.
