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Gonzalo Moratorio: “El amor de la gente me conmueve profundamente”

por Hola Salud

El virólogo reflexiona sobre el reconocimiento recibido tras la pandemia, el valor de la investigación científica, los desafíos de convertirse en paciente y las expectativas que deposita en los tratamientos experimentales que hoy evalúa para enfrentar su enfermedad.

Durante la pandemia, Gonzalo Moratorio se convirtió en uno de los rostros más reconocibles de la ciencia uruguaya. Mientras el mundo enfrentaba una crisis sanitaria sin precedentes, lideró junto a la investigadora Pilar Moreno el desarrollo de un test molecular nacional que permitió ampliar el diagnóstico del covid-19 y contribuyó a que Uruguay respondiera con rapidez y autonomía en los primeros meses de la emergencia. Aquel trabajo lo llevó a ser distinguido por la revista Nature como uno de los 10 científicos más influyentes del mundo en 2020, una lista en la que fue el único representante latinoamericano.

Cinco años después, su nombre volvió a ocupar titulares cuando, a principios de 2025, fue diagnosticado con un glioblastoma, uno de los tumores cerebrales más agresivos que existen, apenas unos meses después de convertirse en padre por primera vez. Mientras atraviesa tratamientos y evalúa alternativas experimentales, también encabeza una movilización que reúne a miles de uruguayos para apoyar la búsqueda de nuevas oportunidades terapéuticas. En paralelo, Guska, la startup biotecnológica que cofundó junto a Moreno, redirigió sus investigaciones hacia los tumores cerebrales, un campo donde todavía quedan muchas preguntas sin respuesta.

Tras participar como expositor en el Summit de Inteligencia Artificial organizado por Cacique Group en el LATU, Gonzalo Moratorio compartió algunas de las líneas de investigación en las que trabaja actualmente y reflexionó sobre el impacto que la inteligencia artificial ya tiene en el desarrollo científico. En su presentación, explicó cómo su laboratorio explora el rediseño de genomas virales con el objetivo de desarrollar herramientas capaces de reconocer y atacar células tumorales, además de destacar el potencial de la inteligencia artificial para acelerar procesos de investigación, analizar grandes volúmenes de datos y abrir nuevas oportunidades en el desarrollo de tratamientos.

Conducido por la periodista argentina Milagros Hadad, el encuentro reunió a referentes de distintos sectores para analizar cómo la inteligencia artificial está transformando la forma en que las organizaciones toman decisiones, gestionan equipos y proyectan su crecimiento. Bajo la consigna “¿Protagonistas o espectadores?”, las exposiciones coincidieron en un mismo desafío: más allá de la tecnología disponible, la capacidad de adaptación será uno de los factores determinantes en los próximos años. En ese marco, Moratorio conversó con HOLA SALUD sobre ciencia, innovación y el inesperado lugar que ocupa hoy el afecto de la gente en una batalla que también libra desde el conocimiento.

Está atravesando un momento muy difícil en lo personal y, al mismo tiempo, recibiendo un enorme reconocimiento de la gente. ¿Cómo vive esa contradicción?

Sin duda, es uno de los momentos de mayor reconocimiento que me ha tocado vivir, y hay una clara ironía en eso. Me gustaría poder transitar y disfrutar este presente sin todas las preocupaciones que implica atravesar una enfermedad tan agresiva. Pero, al mismo tiempo, el amor de la gente me conmueve profundamente. El cariño que recibo es algo que jamás imaginé. Los mensajes llegan de todas partes y de las formas más diversas: en una carta que alguien deja en una esquina del barrio, a través de las redes sociales o por medio de personas que se acercan a saludarme. Ha sido algo verdaderamente descomunal y no tengo palabras suficientes para agradecerlo. A veces me pregunto por qué recibo tanto amor, pero la verdad es que me hace muy bien. Lo elijo, lo abrazo y lo agradezco profundamente. Si hay algo importante en la vida es ser agradecido, y eso es precisamente lo que siento frente a cada una de las personas que me han acompañado: una enorme gratitud y el deseo de decirles simplemente muchas gracias.

Quizás es la contrapartida a un reconocimiento escaso durante la pandemia.

La verdad es que no sentí una falta de reconocimiento de una manera tan concreta, porque nunca paré. Mi cabeza estaba completamente enfocada en el trabajo y el tiempo transcurría de una forma distinta. No era consciente de lo que ocurría alrededor; estaba totalmente inmerso en esa realidad. Dormía apenas dos o tres horas por día. Todas las mañanas me levantaba para dar los reportes y seguir trabajando. Mi esposa es nefróloga y los pacientes en diálisis fueron de los que más sufrieron los efectos del covid, porque la enfermedad afectaba severamente los riñones. Eso hacía que la pandemia estuviera presente no solo en el trabajo, sino también dentro de nuestra propia casa. Tomábamos todo tipo de precauciones: nos cambiábamos de ropa al entrar y salir, nos bañábamos inmediatamente al llegar. Vivíamos permanentemente expuestos a una situación muy dura. Veía de cerca el impacto de la enfermedad y convivía todos los días con el sufrimiento y la muerte.

¿Cómo recuerda aquel período de trabajo tan intenso?

Justamente así, como una etapa de enorme intensidad. Además de mi trabajo en el laboratorio, intentaba colaborar en todo lo que estuviera a mi alcance desde el Hospital Español y en distintas iniciativas para ampliar la capacidad de atención del sistema de salud. Por ejemplo, participé en los esfuerzos vinculados a los centros que se generaron para aumentar la capacidad de CTI, como el que funcionó en el antiguo edificio de Presidencia, hoy perteneciente a ASSE. Fueron meses de muchísimo trabajo y una dedicación prácticamente total. Lo que más me queda de aquellos tiempos es la pasión y el compromiso con los que trabajamos. Mi amiga y socia, Pilar Moreno, suele recordar la adrenalina que se vivía en ese momento, la convicción con la que todos enfrentábamos el desafío y el nivel de entrega que había dentro del laboratorio. Yo lo viví con muchísima pasión, aunque también de una manera muy exigente y, muchas veces, extenuante. No quería irme del laboratorio, sentía la necesidad de estar ahí constantemente.

“No concibo ninguna de las cosas que hago en mi día a día sin ese motor que es la pasión”.

En aquel momento no lo veía como un sacrificio. Con el tiempo, pienso que tal vez también era una forma de defensa frente a todo lo que estaba ocurriendo y a lo que todavía estaba por venir.

¿No hay investigación científica sin pasión?

Para mí ocupa un lugar central. No concibo ninguna de las cosas que hago en mi día a día sin ese motor que es la pasión. Tal vez hoy, después de lo que significaron mis intervenciones y especialmente la cirugía cerebral, algunas perspectivas hayan cambiado, pero hay algo que permanece intacto: la pasión por encontrar respuestas. No consigo moverme de forma natural sin esa necesidad de buscar una solución, un tratamiento, un remedio o una cura. Es una fuerza que me impulsa constantemente y que ha guiado buena parte de mi vida profesional. A veces incluso me pregunto hasta qué punto esa obsesión por comprender, investigar y resolver problemas, también me llevó al lugar en el que estoy hoy. Es una reflexión que aparece con frecuencia, porque la pasión es una herramienta extraordinaria, pero también puede convertirse en una exigencia permanente hacia uno mismo.

Hoy se encuentra en la cuenta regresiva para aplicar a una terapia experimental en el exterior. ¿En qué consiste el tratamiento CAR-T y qué expectativas tiene?

Primero tengo que agradecer, una vez más, porque el acceso a este tratamiento se debe a la solidaridad de la gente. Estamos próximos a llegar al millón de dólares para poder concretar esta posibilidad. Para explicarlo de manera sencilla, se trata de una terapia que utiliza células inmunológicas del propio paciente. Esas células se extraen, se activan y se entrenan para reconocer características específicas presentes en el tumor. Luego se vuelven a introducir en el organismo con el objetivo de que identifiquen y ataquen las células tumorales como si fueran un agente extraño y dañino. Se trata de una estrategia muy prometedora, aunque todavía experimental para este tipo de tumores. Aún se encuentra en etapas de investigación clínica y queda mucho camino por recorrer.

“Como científicos, tenemos la obligación de explorar nuevas posibilidades, incluso aquellas que inicialmente pueden parecer muy audaces”.

De alguna manera, la vida me coloca hoy en una situación muy particular. Después de haber trabajado durante años investigando y realizando experimentos con cientos de modelos animales, ahora me encuentro del otro lado, considerando la posibilidad de participar yo mismo en un tratamiento experimental. Estoy convencido de que este tipo de enfoques abrirá muchas puertas. Como científicos, tenemos la obligación de explorar nuevas posibilidades, incluso aquellas que inicialmente pueden parecer muy audaces.

A Gonzalo le debemos una

Con el objetivo de contribuir a la recaudación de fondos para el tratamiento experimental que Moratorio busca realizar en centros especializados de Estados Unidos, Suiza o Japón, el Círculo Uruguayo de Publicidad presentó la campaña “A Gonzalo le debemos una”. La iniciativa procura ayudar a alcanzar el millón de dólares necesario para acceder a estas terapias, que actualmente se encuentran en fase de investigación clínica.

Quienes deseen colaborar pueden hacerlo a través de la línea 0900 9200, con una contribución de $200 por llamada. También permanecen habilitados el colectivo Abitab 146734, a nombre de Gonzalo Moratorio, y la cuenta HSBC 3699135, en pesos y dólares, a nombre de Natalia Ibáñez y/o Gonzalo Moratorio.

La campaña recuerda el aporte que el científico realizó durante la pandemia y busca canalizar el apoyo que hoy recibe de miles de uruguayos.

¿Cambió su forma de relacionarse con la investigación ahora que también es paciente?

Sí, porque ahora cambió la ecuación y pasé a ser paciente. Eso hace que mi grado de involucramiento sea aún mayor. Naturalmente, me interesa entender qué opciones existen y si, de alguna manera, es posible contribuir a que esta rueda gire hacia un lugar que me beneficie. Me sucede que me levanto pensando en los tratamientos y muchas veces empiezo el día leyendo artículos científicos. Sin embargo, también intento encontrar un equilibrio. No quiero abrumarme con esa información porque sé que, en determinados momentos, puede hacerme mal.

Además, hay algo que la ciencia tampoco logra cuantificar, que es el amor.

Totalmente, es muy cierto. Ojalá que todo lo que estamos haciendo desde la ciencia, y también desde mi situación particular, pueda servir para abrir caminos. Ojalá pueda seguir dando esta pelea durante mucho tiempo, pero si en algún momento no puedo hacerlo, me gustaría que todo el trabajo realizado quede y contribuya a que otras personas tengan más herramientas para enfrentar una situación como esta y puedan salir adelante. Esa posibilidad también es una motivación muy importante. Pensar que algo de lo que hacemos hoy puede ayudar a otros en el futuro le da sentido a todo este esfuerzo.

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