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Motivación y trabajo en equipo

por Hola Salud

Por Jorge Sapelli

La motivación es un elemento clave para el trabajo en equipo. Desde la Revolución Industrial en adelante se ha descubierto que la producción en serie es la forma más eficaz de producir y aumentar la productividad. Para ello se precisa trabajar en equipo, especializarse en una tarea, adquirir un hábito y luego coordinarlo con las tareas de los demás integrantes de la organización. Es la mejor forma de lograr resultados y avanzar en la producción de bienes y servicios para que estos sean accesibles, tengan un precio razonable y contribuyan a brindar un mayor confort a la humanidad.

Diversos estudios han demostrado que no se puede trabajar en equipo si uno no está motivado para hacerlo. La motivación es un factor clave para lograr que las personas rindan al máximo. Uno debe estar motivado consigo mismo para poder transmitir esa motivación a los demás integrantes del grupo de trabajo. Los equipos que trabajan motivados marcan la diferencia en los resultados.

La pregunta es: ¿cómo motivarse uno mismo y además motivar a los demás? La respuesta no es sencilla ni fácil de implementar, pero podemos compartir algunos conceptos y herramientas útiles para la motivación y el trabajo en equipo. Tener trabajo implica dos cosas: contar con la aptitud para realizar una tarea (oficio, conocimiento o experiencia en algo específico) y, a nuestro entender, tener la actitud adecuada, es decir, ganas de hacerlo.

Hoy en día, aproximadamente el 9% de los uruguayos busca empleo y no lo consigue. Muchos envidiarían estar en nuestro lugar. Tenemos que aprender a valorar y, sobre todo, a cuidar lo que tenemos, y para eso se precisan ganas de hacerlo. El trabajo dignifica a la persona. No es lo mismo recibir dinero como subsidio o regalo que ganárselo. Ganarse el jornal o el sueldo brinda satisfacción personal y dignifica al trabajador. Tener trabajo aumenta la autoestima y, además, permite valorar y disfrutar más el tiempo libre, porque una parte importante de nuestra vida transcurre trabajando.

Tenemos trabajo porque, en el otro extremo, existen clientes. Al cliente hay que cuidarlo, mantenerlo, tratarlo bien y lograr que vuelva. Sin clientes no hay trabajo. Todos en el equipo debemos cuidar a nuestros clientes porque, al hacerlo, también nos cuidamos a nosotros mismos. Hay una máxima que dice que “para que nuestros clientes externos estén conformes, es necesario que nuestros clientes internos (funcionarios) también lo estén”.

Del total del tiempo que pasamos despiertos, dedicamos más horas al trabajo que a nuestro hogar. Por eso debemos disfrutarlo. No esperar a jubilarnos para hacer lo que nos gusta, sino hacerlo ahora, cuando tenemos salud y estamos en plena capacidad de nuestras facultades.

Para la motivación personal y grupal existen siete elementos clave:

1. Tener ganas

El mundo laboral se divide en dos grupos: quienes disfrutan de lo que hacen y quienes no. Personas con ganas y personas sin ganas. A todos nos gusta ser atendidos por los primeros. Las ganas se sienten, no se aprenden. Por eso hay que procurar realizar actividades que nos hagan sentir bien.

2. Aptitud y actitud

Dos requisitos son fundamentales: aptitud y actitud. La aptitud puede aprenderse o ser fruto de la experiencia; en cambio, la actitud no se enseña, sino que surge como un sentimiento. También es cierto que uno aprende mejor aquello que tiene ganas de aprender. Para incorporar conocimientos es importante disfrutar el proceso.

3. Encontrar un sentido

Buscarle un sentido al trabajo implica responder a la pregunta: ¿por qué hago esto o por quién lo hago? Cada mañana, cuando nos levantamos, deberíamos tener un motivo para hacerlo. Es importante encontrarle sentido a lo que vamos a hacer durante el día.

Cuando uno disfruta de lo que hace, generalmente le va mejor que cuando no lo disfruta. El primero en darse cuenta es uno mismo. Podemos tener un mal día, incluso varios, pero no es saludable sentir que todos los días son malos. Si no encontramos sentido a lo que hacemos, quizás sea momento de buscar actividades diferentes.

4. Valorar el trabajo de los demás

Cuando una persona lidera un equipo debe elogiar las buenas acciones para incentivarlas y reforzarlas, así como señalar aquello que no está bien para orientar el camino correcto. De manera implícita, se está transmitiendo un mensaje muy importante: “lo que tú haces me importa”. A esto lo llamamos valoración del trabajo del otro.

5. Ser positivo

Es importante buscarle la vuelta a las cosas. Si algo sale mal, hay que buscar una solución. Cuando uno se cae, primero se lamenta, y eso está bien: es necesario hacer catarsis, liberar el enojo o la frustración. Pero enseguida hay que levantarse, aprender de lo ocurrido, encontrar una solución y seguir adelante.

6. Adaptarse al cambio

Es fundamental adaptarse a los cambios naturales que se producen en el entorno. Podemos aplicar, a nivel organizacional, el principio atribuido a Charles Darwin: las especies que mejor se adaptan a los cambios son las que sobreviven.

Nada permanece igual para siempre. Todo cambia y evoluciona; a esto se le llama ciclo de vida. Lo mismo ocurre en el trabajo. Los trabajadores deben adaptarse a los cambios con una actitud positiva y activa porque, de lo contrario, las organizaciones corren el riesgo de desaparecer. Nadie tiene garantizado el bienestar para siempre. El bienestar se construye y se trabaja todos los días, adaptándonos al entorno.

7. Lo mejor está por venir

Debemos tener la convicción de que, si imaginamos nuestros objetivos, los pensamos y trabajamos para alcanzarlos, siempre habrá algo mejor por venir.

En general tendemos a añorar el pasado (os uruguayos somos particularmente nostálgicos) y eso está bien porque significa que disfrutamos lo vivido. Sin embargo, no debemos quedarnos únicamente allí.

Si nos proponemos metas y trabajamos para alcanzarlas, lo mejor puede estar por delante. Hoy contamos con algo que antes no teníamos: experiencia. Sabemos mejor en qué somos buenos, qué actividades disfrutamos y en cuáles podemos desarrollarnos.

Por eso debemos trabajar en nuestra propia motivación para luego contagiarla a los demás y así integrar equipos más eficientes. Plantearnos objetivos, trabajar para alcanzarlos y disfrutar del camino es una de las mejores formas de aprovechar plenamente nuestra vida activa.

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