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Nelson González: Una mirada humana sobre el cuidado de los adultos mayores

por Hola Salud

El director de Memorias, un residencial con una mirada humana e integral sobre el cuidado de las personas mayores, repasa los principales desafíos del envejecimiento y reflexiona sobre la importancia de la escucha, el respeto y los vínculos cotidianos en esta etapa de la vida.

Con una extensa trayectoria vinculada al cuidado y acompañamiento de personas mayores, Nelson González ha dedicado gran parte de su vida profesional a trabajar junto a esta población, desarrollando una mirada profundamente humana sobre el envejecimiento y sus desafíos. Fisiatra de formación y director de Memorias, impulsa un modelo basado en la escucha, el respeto por la individualidad y la convicción de que la calidad de vida en esta etapa depende tanto de la atención profesional como de los vínculos cotidianos.

Esa visión dio origen a este proyecto de residencial que se define como la primera unidad de convivencia, un concepto que pone el foco en la escala humana, el trabajo multidisciplinario y la construcción de una comunidad de cuidado. Para Fernández, la clave no está únicamente en la infraestructura o los servicios, sino en contar con equipos comprometidos, con formación, vocación de servicio y capacidad de comprender las necesidades de cada residente. En esta entrevista reflexiona sobre el envejecimiento saludable, la importancia de la socialización, los desafíos emocionales de la vida en una residencia y las enseñanzas que los adultos mayores le siguen brindando día a día.

Como fisiatra, ¿qué necesidades observa hoy en los adultos mayores que muchas veces no están siendo suficientemente atendidas en los modelos tradicionales de cuidado?

Desde la fisioterapia lo más importante es la demanda del propio adulto mayor, aunque a veces no hacemos suficiente hincapié en ese punto. Esto significa trabajar a partir de las necesidades que indica el paciente, y no únicamente de lo que indicamos nosotros. Si bien puede tratarse de una hemiplejia, una fractura, un ACV, u otros problemas de miembros inferiores o superiores, es importante saber hasta cuándo podemos trabajar con ellos y de qué manera, pero siempre observando qué nos dicen, qué nos transmiten. La prioridad la deben tener ellos siempre. Y, obviamente, la fisioterapia es una parte puntual y necesaria del proceso.

¿Cuál diría que es el diferencial de Memorias en términos concretos?

Memorias se define como una forma de hacer diferencia en el mercado. Y hay varias diferencias. Puntualmente, la primera sería que todos los residenciales no deberían superar una cantidad aceptable de 15 o 20 personas. Porque cuando no se respeta esa escala, tampoco se pueden respetar las demandas de los adultos mayores. Si tenemos 30 o 40 personas, es imposible trabajar de forma adecuada. Atender las demandas que ellos plantean, escucharlos y acompañarlos en su vulnerabilidad se vuelve difícil de sostener. Promovemos una vida plena y esto para mí significa sentarse, mirarlos a los ojos y hacer lo que en la jerga se llama una “marcación hombre a hombre”. Y, para eso, la escala es muy importante.

Cada vez se habla más del envejecimiento saludable. ¿Cuáles son los pilares fundamentales para preservar la autonomía y la calidad de vida en esta etapa?

Cada vez que se habla de envejecimiento saludable, hay que tener en cuenta que existen distintos parámetros según cómo se mida y el contexto en el que se aplique. También se vincula con la preservación de la autonomía, aunque es un concepto complejo, porque depende de múltiples factores: la historia de cada persona, su entorno familiar y la “mochila” emocional que trae consigo, además de posibles dificultades cognitivas. Por eso, hablar de autonomía en muchos casos es relativo. Para mí, el envejecimiento saludable es un abanico de posibilidades que tiene el adulto mayor, donde se busca que “la máquina funcione como corresponde”, es decir, que haya acompañamiento adecuado desde la familia y desde la residencia, y que se garantice una buena calidad de vida en aspectos como el trato, la alimentación y el descanso. Son temas complejos que requieren abordajes integrales. En el caso de Memorias, al trabajar con pocos residentes, se puede escuchar más, ser más cercanos y trabajar desde un vínculo más humano. Contamos con el apoyo de una socióloga del Mides, que aporta proyectos muy valiosos, además de talleres y actividades. El objetivo es fomentar ese envejecimiento saludable, sin perder de vista que cada persona llega con una forma de ser y una historia propia. No se trata de cambiar esa forma de vida, sino de abrir una puerta, de generar un espacio de luz y tranquilidad en lo que les queda de vida, sea poco o mucho.

¿Qué impacto tienen factores como la socialización, las actividades recreativas y el sentido de pertenencia en la salud física y mental de los adultos mayores?

El impacto de los factores de socialización y de actividad es fundamental. En Memorias trabajamos para que todos los días los adultos mayores tengan alguna actividad que los motive. Por ejemplo, contamos con talleres de musicoterapia, fisioterapia y distintas actividades recreativas. Estas instancias fomentan también la interacción entre ellos, algo clave. Al interactuar, se mantiene un aspecto de tipo familiar muy importante desde el punto de vista cognitivo. Por eso los talleres ocupan un lugar central. También trabajamos la dimensión cognitiva a través de distintas propuestas, que buscan estimular y mantener la mente activa. Siempre tienen que estar en movimiento, no sentados ni aislados. En ese sentido, realizamos actividades como salidas al cine, paseos o encuentros para tomar un té y escuchar música.

“El impacto de los factores de socialización y de actividad es fundamental. En Memorias trabajamos para que todos los días los adultos mayores tengan alguna actividad que los motive”.

Desde su experiencia, ¿cuáles son los principales desafíos emocionales que enfrentan las personas al momento de mudarse a un residencial y cómo se trabaja para acompañar ese proceso?

Desde mi experiencia, después de muchos años, he visto de todo. En el ámbito de los residenciales, en algunos casos se ha vuelto muy comercial, aunque también hay colegas y equipos que hacen un trabajo excelente. Los desafíos emocionales son muy complejos porque las personas llegan desde su historia familiar, con su soledad, con emociones a veces deprimidas y con situaciones familiares difíciles. Nosotros somos un nexo; no para resolver todas esas situaciones, pero sí para acompañar, para promover una lucecita, un camino de cariño y de contención. En el caso de Memorias, lo que hacemos es, justamente, sentarnos y escucharlos. Cuando percibimos que algo les pasa, nos preocupamos por entender qué necesitan. Los adultos mayores son personas muy frágiles emocionalmente, pero con una gran experiencia de vida que hay que respetar. Muchas veces piden en silencio que los escuchen, y eso con frecuencia pasa desapercibido.

¿Por qué considera que el trabajo conjunto entre distintas especialidades es clave en el cuidado integral de los adultos mayores?

Memorias cuenta con un equipo multidisciplinario porque se entiende que hay diferencias importantes en los roles y en los alcances de cada función. En mi caso, me inclino técnicamente por la presencia de enfermería, porque es lo que permite sostener un abordaje más completo. El acompañante puede cumplir una función de compañía, pero desde nuestro enfoque eso no es suficiente. Lo que buscamos es que el equipo tenga formación técnica, pero también una dimensión humana y vocación de servicio. No puede ser solo alguien que esté presente; debe haber formación, empatía y capacidad de respuesta frente a las necesidades del adulto mayor. En situaciones de urgencia, por ejemplo, se requiere necesariamente personal de enfermería. Y también hay que tener en cuenta que no es lo mismo el trabajo en un hospital que en una residencia. En el hospital no se convive; en una residencia sí, y eso cambia completamente la dinámica. Se genera un vínculo cotidiano, más cercano, casi familiar. Por eso, ese equipo multidisciplinario de médicos, sociólogos, fisiatras y personal de enfermería tiene que estar bien integrado para poder dar un cuidado realmente integral. Sin desvalorizar la figura del acompañante, mi postura es priorizar equipos con formación técnica, como enfermería, y desde ahí construir el proyecto de Memorias, para sostener ese enfoque integral en el cuidado de los adultos mayores.

A lo largo de su carrera, ¿qué le han enseñado los adultos mayores sobre la vida misma?

Me han enseñado mucho y la verdad es que me siguen enseñando todos los días. Creo que la sociedad se debe a sí misma sentarse a escucharlos. Cuando empecé en esto todavía se hablaba de casas de salud; ahora hablamos de residenciales. Y en todo este tiempo, los adultos mayores me han enseñado a respetarlos cada vez más. Me han enseñado a escucharlos y valorar su experiencia de vida, que es de una riqueza inmensa para todos. Con toda la experiencia que tienen, ¿cómo no voy a aprender de ellos? Estoy muy orgulloso de este proyecto, que lo hice a semejanza de ellos y desde el respeto hacia ellos. Si ustedes visitan Memorias, van a ver que en cada rincón hay algo de ese amor y de ese respeto que el adulto mayor merece.

“Los adultos mayores son personas muy frágiles emocionalmente, pero con una gran experiencia de vida que hay que respetar”.

El residencial incorpora espacios verdes, una capilla y actividades culturales. ¿Qué rol cumplen la naturaleza, la espiritualidad y la estimulación cognitiva en el bienestar de los huéspedes?

Sí, contamos con un parque hermoso. Desde la calle Sarmiento hasta la capilla hay casi una cuadra de verde. Es un gusto personal, porque me encantan los jardines y el contacto con la naturaleza. Me gusta el verde, respeto la naturaleza y también respeto la espiritualidad. La capilla, en este caso, no tiene una cruz. Es una decisión vinculada a mi manera de entender lo espiritual. También creo que como sociedad estamos en un proceso complejo. Tenemos grandes avances tecnológicos, pero a nivel humano muchas veces estamos involucionando. Y eso impacta en la forma en que nos vinculamos y en la capacidad de comprender al otro. Por eso, es fundamental trabajar en la empatía, en el respeto y en la conexión con uno mismo para poder conectar con los demás. Así, el proyecto de Memorias busca justamente eso; promover la naturaleza, la espiritualidad entendida desde el respeto, y la estimulación cognitiva, que se ve reflejada en el día a día de los residentes a través de las distintas actividades.

Después de estos primeros meses de funcionamiento, ¿qué historias o experiencias le han confirmado que este proyecto está logrando el impacto humano que se propuso desde el inicio?

En este tiempo el impacto ha sido muy importante. Incluso a nivel técnico, el estudio jurídico con el que trabajamos no daba crédito de que pudiéramos llenar la residencia en menos de siete meses. Obviamente, la gestión la llevo adelante yo, junto con colaboradores, y todo en Memorias surge de ese esfuerzo. Pero sin duda fue algo que impactó en la zona y hay distintos aspectos que lo marcan. Por ejemplo, para nosotros es fundamental que ningún residente esté en una cama convencional; deben contar con camas automáticas para asegurar una mejor calidad de vida. También cuidamos la alimentación, sin escatimar en la calidad de la comida, así como la propuesta de talleres, el calor humano y el acompañamiento diario. A eso se suma el entorno: la naturaleza, la capilla, independientemente de la creencia de cada uno; y un sistema de transparencia que incluye cámaras en distintos espacios y una cocina vidriada, que permite ver cómo funciona todo.

Un reconocimiento especial

Detrás de cada proyecto con vocación de servicio hay personas que sostienen el camino en silencio. Por eso deseo agradecer especialmente a mi esposa, Alicia Esquiera, por su apoyo incondicional y por creer siempre en este sueño, y al contador Darío Andreoli, cuya dedicación, profesionalismo y confianza fueron esenciales para transformar una idea en una realidad. Este logro también les pertenece.

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